sábado, 1 de agosto de 2015

NOT MY DESTINY -Yoko- Cap 1.

Cap 1
~Guerra de Vietnam 1975.~
-Está podrido… este mundo no sirve.
La chica sostenía un arma sobre la cabeza de aquel soldado estadounidense quien permanecía temblando sentado en el piso. 
-¿Por qué he de querer salvarle?...
El soldado aterrado con ojos azules profundo que sobresalían en la obscuridad –Elemento que sacaba de quicio a la chica de tez pálida.- se mantuvo quieto un momento y miró directo en sus ojos carmesí por un momento se perdió y en un instante estuvo en su hogar comiendo junto a su familia.
-Hum…
Una sonrisa de medio lado se dibujó sobre los labios de aquella mujer despiadada , con cuerpo espectacular y cabello que apenas cubría su cabeza, a ojos de aquel soldado solo era una pequeña gorra; el arma de la chica se alejó de su cabeza, y se alojó sobre un punto de el pastizal que lo cubría. El arma de la mujer comenzó a disparar, lo que parecían ser balas perdidas golpeaban certeras a todo un batallón estadounidense en busca de rescatar a su compañero. El campo estaba cubierto de rojo, parecido al tono en los ojos razgados de aquella mujer; la pistola se situó nuevamente en la cara del pasmado soldado y un susurro se escapó de sus labios.
-¿Por qué?
-No quieres morir igual que ellos…
La voz profunda de aquella mujer y las risas que dejó salir después implantaron en la mente del soldado furia y tristeza, empuño su arma y la apuntó directo al pecho de la chica que permanecía riendo, jaló el gatillo sin aliento lleno de desprecio, solo pudo observar el cuerpo de la excéntrica convulsionar en el aire, escuchar el sonido sordo de su cuerpo al caer en el campo, al parecer, ya comenzaba a ver mal, por que la sangre de aquella mujer era de un color azul verde y desprendía un olor a azufre.
-HAhahaha jajajajaja!!!-
El soldado sintió vivir su más horrible pesadilla, se agarró la cabeza y la juntó con sus rodillas; la desesperación comenzaba a apoderarse de su mente y cuerpo. La mujer que yacía en el piso se levantó con el cuello casi colgando, como si estuviese quebrado; llegó hasta el soldado y sus blancos dientes centellaron al enderezarse su cabeza y abrir sus ojos, llenos de lo que parecía ser su sangre.
-Cobarde, te han entregado la vida y solo sabes morir de miedo.-
Las palabras retumbaban en su mente y el tono de locura en la voz de su oponente comenzó a volverle loco.
-Patético.-
Las últimas palabras que dijo antes de que el arma centellante manchada con sangre de otros soldados disparó una bala en el cráneo del soldado. Aquello fue lo último del batallón del sur.
-¿Dónde estás?...-
Aquella que parecía ser la misma chica había cambiado completamente, ya no era profunda, esta vez parecía ser femenina y con un tono de tristeza en la voz, se mordió los rojos labios y dejó salir algunas lágrimas del color de su sangre mientras su cuerpo rechazaba las balas que perforaban su perfecto traje pegado al cuerpo y se hundían en su blanca y nívea piel. La sangre de detenía y las heridas cerraban, se llevó una mano al pecho y apretó su ropa, había paso tantas veces por ello, que se había acostumbrado al dolor de pasar entre vida y vida.
-Batallón del sur. Eliminado.-
El sonido de los camiones encendidos a sus espaldas y los batallones que llevaba a sus espaldas 500 hombres y otros 20 camiones de guerra.
-Raika, recuento de daños.-
Una voz que parecía cerca de ella, su compañera aquella que ella misma había reclutado.
-Uhmm… necesito un traje nuevo.-
-¿Te han disparado?.-
-Si, bueno, no es nada…-
-Y… ¿Aún nada?...-
-Nada Aime, lo siento… -
-No importa, ahora escucha; el batallón del norte venció nuestras tropas, es posible que…-
Cuando la hostil chica se giró se encontró con la mitad de su batallón muerto, y la otra pendiendo de sus armas con destreza. ¿Quién?... la pregunta la atacó aturdida y comenzó a correr en busca de los atacantes, mientras corría entre algunos soldados daba órdenes, los soldados obedecían sin chistar, de pronto las balas cesaron y entonces lo supo, los habían emboscado.
-Aléjense, no pisen las bombas…-
El hilo de su voz se extinguió en el momento en que sus hombres volaban por los aires en pedazos; las explosiones seguían a su alrededor y la lluvia de sangre que caía encima de ella comenzaba a recordarle lo ya vivido. Unas risas aterradoras se escaparon de su boca.
-Comandante, perdimos todo el escuadrón armado.-
No escuchaba nada, miles de imágenes pasaban por su mente, recuerdos de su vida humana que debería no recordar, mezclados con las tantas batallas ya libradas, uno llamó su atención y mientras su cuerpo reaccionaba a los disparos y ataques que recibía el arma plateada se deslizaba por su brazo con vida propia, posicionada en su espalda se transformó en una delgada capa que se abrió junto a la carne de la joven, expulsando de ella misiles en todas direcciones, soldados volaban por los aires y ella se sumergía en sus humanos y dolorosos recuerdos.
***************Lamentables recuerdos 1********************
~España 1800~
-¿Quién está allí?-
-Pequeña, es hora de la comida…-
Un pequeño bulto tirado en un cuarto obscuro cubierto completamente sin dejar ver un poco de su piel o su cara, se arrastraba hasta la puerta donde un hombre adulto con algunas arrugas extendía un plato de comida y un vaso con agua.-
-Gracias.- Se limitó a decir el pequeño bulto.
-Hija, cántame un poco.-
-El hombre se recargó en el marco de la puerta esperando escuchar la voz que rompiese el silencio, posicionandose de pie con dificultad, la pequeña niña entonó una canción que parecia calmar al hombre. Tomando al pequeño bulto en brazos lo llevó hasta una desolada cama en dicha habitación y la amarro de manos y pies, finalmente quitando la manta que la cubría. Reveló una pequeña niña llena de moretones y quemaduras, algunas heridas en carne viva, y sin duda un sinfín de cicatrices. A pesar de su maltratado cuerpo, la jovencita tenía el rostro intacto, sus grandes y rasgados ojos marrones y sus labios perfectamente trazados sobre el tono pálido de aquel rostro perfecto.
-No dejes de cantar –
La pequeña niña de 5 años comenzó a cantar nuevamente y sin quitar su vista de la pared escuchó otros 2 hombres entrar.
-¿No ha hablado?-
-Ni una sola palabra- Contestó su padre.
El segundo de los hombres pasó un cuchillo por una de sus pantorrillas y dejó una fina herida, la pequeña, entonando aquella misma canción de cada día, dejó salir lágrimas. Día con día los insultos y los golpes, incluso las heridas se habían hecho costumbre, le mantenían con vida por el simple hecho de una verdad que estaba frente a sus ojos, querían encontrar el traidor del imperio.
-Si no hablas esto seguirá…-
“ya no me importa” repetía la pequeña en su mente mientras miraba a aquel que era su padre, había aguantado ya 2 años las mismas torturas, todo por él, por aquel único ser que le quedaba en el mundo.
-Cobarde- Musitó la niña dejando por fin su canto de lado.
-¿Cobarde?, ¿A quien le llamas cobarde niña?-Habló esta vez el hombre que la había golpeado. La pequeña se sentó entre quejidos sobre la cama apuntando después a su padre, atónito y sudando como un cerdo en el otro lado de la habitación.
-Cobarde.-
Repitió con su mirada fija en él, aquel hombre se acercó y la golpeó directamente en la cara, la golpeó hasta desprender las retinas de sus ojos y dejarle ciega completamente. Como cada noche la dejaron sola y la desamarraron, la pequeña comenzó a cantar nuevamente y con delicadeza se levantó, los dolores la atormentaban por todo su cuerpo, y en sus ojos no había más que obscuridad, ¿Porqué?... seguía preguntándose a sí misma mientras buscaba con sus manos estiradas un lugar para aferrarse. Más delante entre algunos tropezones logró aferrar sus manos a el barandal de la pequeña ventada muy por encima de su cabeza, balanceó hacia abajo su cuerpo, y haló con delicadeza la cama, se subió a ella y asomó su cabeza por los barandales; las lágrimas que surcaban sus mejillas eran considerablemente comparables con sus altas notas en la canción. No muy lejos de allí un pequeño niño cantaba la misma canción y paseaba descalzo por las frías calles de España, y viraba en cualquier dirección, su vida siempre era realmente reconfortante, siempre podía andar por todos lados, tranquilo, sin padres, sin hermanos, pidiendo dinero y viviendo de la “caridad”, él mismo consideraba que era el más afortunado, vivía en una bodega abandonada y nunca pasaba hambre; como la voz de un ángel, la adorable canción entonada por una mujer surgió de la nada, y sin pensarlo caminó en dirección donde la canción que escuchaba cada atardecer, caminó hasta encontrarse con un pequeño traga luz y una cabaña tan chica como una sola habitación. Sin poder encontrar a la dueña de la voz, se giró y se dirigió de nuevo a las calles, pero de pronto.
-Ayudadme…-
La canción había parado y el joven rápidamente se volvió para encontrar a aquella chica.
-¿Quién?... ¿Dónde?.
-Aquí, por favor….
Un gemido de dolor se escapó de la niña y Shin logró divisar apenas aquella escuálida figura, alzaba las manos en el aire y tenía el rostro hinchado.
-¿Por qué estás allí?
-Ayúdame… por favor…
Los lamentos de la niña lograron mover a Shin quien rápidamente lograba abrir las puertas y entras para sacar a cuestas la pequeña niña que había logrado sacudir su corazón, llevaba un vestido desgastado, su piel era morena y sus ojos blancos, era ciega, entre sus facciones no encontró nada delicado, tenía el rostro redondo y una nariz chatita que la hacía lucir adorable, y lo más peculiar que había visto Shin, sus ojos rasgados y estirados en su rostro como dos rayas.
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La desesperación de la vista nublada, comenzaba a causarle nauseas ; eran semejantes a cuando las armas disparaban en su dirección y ella podía sentir cada movimiento de algún objeto del calibre hundirse y escarbar dentro suyo, desangrarse hasta morir y pasar por cualquier momento en que el alma respectiva se desprendía de la propia. Saliendo de su recuerdo Raika dejó de atacar al enemigo, viéndose rodeada de solo cuerpos, los hilos de sangre helada corrían por su espalda y le hacían recordad su obscuro pasado.
Levantó con delicadeza una centellante arma, que sostuvo entre sus brazos y acarició.
-Vamos Shin…

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