sábado, 15 de agosto de 2015


Cap 2
Japón 1945 (Finales de la segunda guerra mundial)

En algún lugar de la ciudad de Japón, un pequeño cantante buscaba una excusa para no ir a la escuela, ajetreado a última hora su madre logró sacarlo de su hogar, la guerra ya avanzada tocaba su final y con el motivo de “pronto papá volverá a casa” El pequeño Shiro se dirigió a su escuela. Mientras caminaba inmiscuido en su mundo logró ser sorprendido por su sempai.
-Shiro, ¿Qué sucede hoy huh?...
-No lo se Nagashi-san… es solo que… estoy agitado, siento un dolor pesado en mi pecho, y al mismo tiempo lo disfruto, lo añoro…
-Shiro.-kun, creo que estás enamorado.
-¿Qué dices sempai?, ni siquiera hay una chica que me guste en la es…
La mirada del chico se envolvió alrededor de un pequeño perrito que arrastraba una de sus patitas traseras, aquella imagen le entristeció y enseguida salió corriendo tras de él, pudo escuchar a su compañero gritarle pero no le escuchaba ya, estaba fundido en una fascinante atracción hacia aquel animal o a algo más…
Al final de la caminata entre los árboles de aquel pequeño parque, logró mirar el rastro de sangre y encontrar al pequeño perrito al que se fue acercando.
-¡Señor hay un niño!-
Shiro miró en dirección de aquella voz y divisó un soldado japonés que apuntaba directo a el con un arma.
-Yo… yo solo…-
-Sáquenlo de ahí y apunten al objetivo… aún es peligroso.-
La voz angelical que Shiro escuchó removió algo en su interior el pesar en su pecho de pronto se hizo insoportable y las lágrimas comenzaron a picar en sus ojos. Su llorosa mirada se encontró con un rostro afilado y delicado, algunos mechones de cabello negro rozaban los costados de las afiladas mejillas que poseía una mujer con ropa militar. Shiro podía sentir cada fibra de su cuerpo clamar por ella, por tocarla, por siquiera volver a escuchar su voz. El cabello de aquella jovencita rozaba apenas sus hombros y tenía la apariencia dulce y mundana de una japonesa de no más de 18 años de edad.
-Maldición Shin… lo hemos encontrado, dos pájaros de un tiro…
La sonrisa que se extendió en sus rojos y carnosos labios puso rígido a Shiro, más no le causó miedo la manía que se mostró en su voz mientras le escudriñaba con la mirada. Raika miró atenta aquel niño escuálido que llevaba el uniforme de una escuela cercana, y por cada centímetro de su cuerpo podía sentir la presencia de aquella alma que se empeñaba en eliminar cada vez que aparecía en la faz mundial.
-¡Raika cuidado!.-
Tan pronto como aquella voz ronca irrumpió en sus maniáticos pensamientos volvió su arma contra el pequeño perro que había comenzado a gruñir tras Shiro.
-¡No, no lo mates!, es…es solo un perrito-
La expresión de Raika cambió, se arqueó muy ligeramente y caminó directamente a Shiro, quien sentía que el corazón se le saldría del pecho, no solo por que aquella mujer tuviese un arma, o por la vida del perro, si no por el simple hecho de sentirla cerca. Raika tomó al muchacho por el cuello del uniforme y lo levantó del suelo como si fuese un pañuelo.
-¿Acaso sabes qué es eso?... lo que intentas proteger… que predecible, eres un gran actor, siempre se te dio bien la actuación ¿No lo crees Shin?. –
El aliento de la joven rozaba cálidamente el rostro de Shiro y sin poder comprender una sola palabra sus manos rápidamente rozaron la piel de seda ajena, encendiendo una hoguera en su estómago. No podía escuchar, no podía sentir, solo la necesitaba a ella, solo a ella, escucharla, sentirla, tocarla, solo ella sería suficiente.
-Raika, déjalo ir… han sido siglos de asesinato, por favor.-
-No, Shin, no voy a dejarlo nunca… -
Shiro volvió en sí gracias a un grotesco graznido, parecía ser el ladrido feroz de un lobo, y cuando Raika saltó hacia atrás sosteniéndolo entre sus brazos se presionó contra su cuerpo buscando más contacto entre ambos, quizá ello lo hacía un pervertido, pero no perdería la ocasión cuando su ser le pedía más y más de aquella extraña.
Raika apuntó rápidamente contra aquel que había sido un perrito herido en algún momento, viéndolo transformado en un impresionante lobo. Era de dimensiones gigantescas, parecía casi del tamaño de un elefante y gruñía mostrando sus blancos y afilados dientes hacia Shiro y Raika.
-¿Qué, que es eso?...
Shiro logró articular palabra solamente después de ver aquel furioso animal saltar y gruñir en su dirección, pronto el escenario parecía más un campo de guerra y no era que Shiro hubiese visto alguno, pero bastó un asentimiento de Raika para que los soldados comenzasen a disparar contra aquel animal que seguía el rastro de ambos mientras corrían por el bosque. En cierto momento Shiro llegó a preguntarse si Raika no se había cansado de cargarlo pegado de su cuerpo, pues le sostenía como si le estuviera protegiendo. Unos pasos más y Shiro fue lanzado cruelmente contra el piso, no tuvo tiempo de mirar antes de volver a escuchar el cañón del arma de Raika golpear al animal que a pesar de estar herido seguía retorciéndose entre gruñidos.
-¿Raika?

La voz de Shiro salió temblorosa y sorprendió incluso a Raika que se encontraba parada frente al animal que estaba muriendo; el animal se contorsionó en el piso unos minutos más y justo antes de expirar su último aliento miró a Raika, parecía como si hubiera una conexión entre ambos, entonces sus ojos se pusieron en blanco y el corazón de Shiro de pronto se sintió calmado y reconfortado por la muerte de aquel ser.
-¡Shiro!... ¡Shiro ya estamos tarde!... –
Nagashi-san salió de entre los árboles y se quedó parado en seco al divisar toda la escena, miraba de Raika al pequeño Shiro tirado en el piso con el rostro atónito, sin pensarlo dos veces se acercó corriendo hasta el niño y lo examinó.

-¡Carlota!, que sorpresa linda… ¿Vienes a unirte a la fiesta?...
Raika empleó un tono tan lleno de diversión que Shiro volvió su vista hasta la joven y miraba como su rostro se contorsionaba con expresiones de dolor, enojo, euforia y cierto sadismo.
-Sempai… debemos irnos… sempai… esa cosa.
Shiro seguía atónito pero Raika salió de su trance para mirar al cielo, y después devolvió la vista a su arma.
-Shin, se acercan…
Nagashi levantó al pequeño en sus brazos y le dio la espalda a Raika, pero se detuvo cuando escuchó el sonido metálico de la revolver apuntando hacia ellos.
-¿Preferís morir quemados?...
-¿Qué?..
La pregunta de Nagashi se quedó en el aire, pues en un instante un gran resplandor naranja y rojo de divisó en el horizonte, a Shiro le pareció que era lo más hermoso que había visto jamás, y justo después de aquello vino la nada, Shiro no pudo sentir siquiera en que momento había dejado de existir porque su cuerpo se quemó incluso antes de que las cosquillas que había provocado el resplandor de la bomba atómica en su estómago se apagasen, Nagashi cerró sus ojos con fuerza y en un instante todo acabó. Cerca de ellos el cuerpo de Raika se reparaba rápidamente podía escuchar las súplicas de toda la ciudad, las personas quemadas o con miembros desprendidos de su cuerpo caminaban a su lado y pedían ayuda, suplicaban por agua; Raika no necesitaba nada de aquello, incluso la ropa que se había pegado a su tejido debido al calor comenzaba a desprenderse dolorosamente de la piel. Los pasos de Raika resonaron entre el tumulto y al estar parada frente a los cuerpos quemados y consumidos de ambos jóvenes una sonrisa se formó en su carcomido y quemado rostro, apretó la mandíbula y pronunció.

-Experimento número 23 fallido y eliminado… -

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